Las grandes estrategias de comunicación y marketing están, casi siempre, pensadas para empresas de gran facturación o para start-ups con un presupuesto interesante para este apartado. Incluso para aquellas entidades que, sin muchos recursos, tiene el tiempo necesario para montar un plan coordinado de acciones a través de los distintos canales, sobre todo, el online. Las redes sociales se han convertido en un gran aliado para crear presencia, consolidar marcas y posicionarnos en nuestro nicho de mercado, tarea que resulta cada vez más fácil con la irrupción y el saber hacer del big data, que permite, y permitirá todavía más, la hipersegmentación de los usuarios de manera más eficiente.

 

 

Con esto, la posibilidad que los individuos tienen de hacer frente a esa maquinaria de publicidad se basa en dos cuestiones muy relevantes:

1. El contenido, que debe ser de calidad, creativo, innovador y acorde con los objetivos y políticas de la organización, empresa, marca o persona que lo motive.

2. Una estrategia multicanal coherente y eficaz, que no ocupe mucho tiempo y que genere el suficiente efecto multiplicador como para llegar a cumplir los objetivos primarios que la originan.

El primer elemento, el contenido, es una de las herramientas más relevantes en el mercado presente y futuro: se le augura una relevancia cada vez mayor e incluso, en países más avanzados en esta materia, como EEUU o el Reino Unido, ya llevan una importante ventaja en comparación con otras economías. Y no se trata solo de una hipercorrección lingüística, sino de un mensaje que sea capaz de transmitir valores, de ser recordado y compartido por los usuarios; y que, por supuesto, alcance sus objetivos a través de las emociones.

El segundo elemento, antes reservado a las corporaciones, ofrece soluciones muy interesantes para personas individuales que quieran ampliar su red de contactos, su alcance y su capacidad de conectar con otras redes fuera de la suya. Es decir, aprovechar la tecnología para alcanzar a un público exponencialmente mayor al que tendríamos si funcionásemos solo en el offline. Internet se ha convertido en el catalizador de ese interés y ha abierto la puerta a mercados otrora inalcanzables. Pero se debe hacer de forma inteligente, cuidada y, sobre todo, después de un buen proceso de reflexión que permita: identificar objetivos, definir la estrategia y ponerla en marcha sin que se nos vaya la vida en ello.

Los objetivos es relativamente fácil definirlos: más seguidores, más ventas, más conexiones, posicionamiento de marca, etc. La estrategia puede resultar más compleja, sobre todo si no tenemos un conocimiento adecuado de cómo funcionan las distintas plataformas. Pero, con paciencia y haciendo uso de algún contacto que conozca del tema, podemos hacernos una idea más o menos general de lo que podemos conseguir en cada una de ellas.

El principal problema es la puesta en marcha: tenemos un mercado gigante al que alcanzar y unos recursos muy limitados. No solo económicos, sino también de personal y de tiempo. Si hablamos de personas individuales, la cuestión se complica más todavía. Estar en las distintas redes sociales requiere tiempo de preparación, de dedicación y de creación. Preparación para echarlas a andar, crear los perfiles, subir contenido, prepararlo...; dedicación, porque tendremos que gestionarlas, revisarlas, responder, añadir usuarios, crear conversación, trabajar...; y creación, porque este trabajo, que exige creativo, de calidad e innovador (como decíamos más arriba), no se consigue en cuestión de minutos, sino que requiere un trabajo permanente y nada sencillo.

¿Qué hacemos entonces? Pues diseñar una estrategia multicanal con sentido: es decir, escojamos aquellas redes o plataformas que realmente pueden aportarnos a los usuarios potenciales que nos interesan y dejar las demás para más adelante o descartarlas directamente. En segundo lugar, seamos realistas con los objetivos y lo que esperamos de este trabajo. Tercero, comprendamos nuestras limitaciones y sepamos abrazarlas, para no llegar a vernos desbordados por una carga laboral excesiva y que, encima, no ofrezca resultados. Por último, aprovechemos nuestro potencial propio para establecer el estilo y la imagen que queremos ofrecer. No intentemos ser alguien que no somos, que eso desgasta mucho más.

En las relaciones persona a persona, aquella que se da entre pares (P2P), la estrategia multicanal se puede centrar en, por ejemplo: una o dos redes sociales bien manejadas, un buen plan de mailing y, por qué no, una web y un blog que podamos mantener en condiciones. Con esa mínima presencia, si conseguimos llevarla de forma adecuada, podremos tener resultados más que satisfactorios a la hora de publicitar nuestros bienes, servicios, empresas o, incluso, nuestra marca personal.

Este principio también es útil para acciones de intercambio de bienes o servicios a través de plataformas como Trueketeke (disponible en la web o a través de sus apps para Android o IOS), donde los usuarios quieren destacar sus productos y hacerlos más interesantes, con el fin de conseguir rápidamente generar el proceso de compra, venta, cambio o regalo, dependiendo del objetivo que nos hayamos planteado. Es importante tener en cuenta dentro de este proceso la estrategia multicanal a través de nuestras redes sociales: un contenido adecuado, innovador y atractivo; una imagen cuidada y de calidad; un objetivo claro y, por supuesto, con el menor esfuerzo y coste posible. ¿Lo habías pensado así?

No dejes que tus productos se pierdan entre todos los demás y haz de la experiencia de comprar, vender, cambiar o regalar un proceso sencillo, inolvidable y único. Así conseguirás que los usuarios vuelvan cada vez que te plantees un nuevo objetivo.

Consíguelo en el App Store
Disponible en Google Play

Publicar Anuncios Gratis

Traductor

Buscar

Mas Trueke-Posts

Usuarios's Online

Hay 796 invitados y ningún miembro en línea