Recordando historias de nuestros abuelos

Abuelos son aquellas personas sin las que las historias de nuestra familia no serian las mismas. Quién tiene abuelos lo sabe y el que por desgracia ya no cuente con ellos más aún si cabe. Seguro que todos recordáis anécdotas que os han inspirado y marcado en vuestra vida ¿Qué os parece si las compartimos?

Ay, los abuelos, a veces algo cascarrabias, otras gruñones, incluso un poco pesados si quieres –“ de verdad vas a salir así a la calle con el frío que hace”. Pero en el fondo solo buscan nuestro bienestar. Serian capaces de darlo todo por la sonrisa de un hijo, ¡y ni que decir por la de un nieto! Sus historias, llenas de experiencias y anécdotas nos han servido a muchos de inspiración. Y es que para los que hemos tenido la suerte de tenerlas, ya que por desgracia no todo el mundo puede decir lo mismo, es todo un regalo.

Isabel aún recuerda las historias que le contaba su tío abuelo Basilio cuando ella era pequeña. Algunas tardes, sentados en el sofá de la salita, Basilio tiraba de memoria para recordar anécdotas de cuando era joven. Aunque a veces necesitaba del apoyo de su vieja caja de latón, en la que guardaba algunas fotos viejas y amarillentas por el paso del tiempo. Con 92 años y tanto vivido a las espaldas es normal necesitar apoyos, y a ella le encantaba escuchar como su tío abuelo presumía de su buen porte juvenil.

Cuando somos jóvenes no nos damos cuenta, pero los años de energía en los que te sientes vivos pasan a ser uno de los mejores recuerdos cuando te haces mayor, o eso dicen. Esos eran precisamente los que Basilio relataba a Isabel, y el cómo consiguió, de algún modo, poner la primera piedra de la familia que son ahora, partiendo desde cero. En sus años mozos él era pastor, vivía en una casa humilde en el pueblo, y apenas contaba con dinero, pero tampoco lo necesitaba ya que aprendió a obtener lo necesario gracias al intercambio. La verdad es que cuando era más pequeña Isabel no entendía cómo un puñado de lana de una oveja recién esquilada, podía ser el pan de su tío abuelo de toda una semana. Ahora, sonríe cada vez que lo recuerda.

Basilio cambiaba esta lana por harina para hacer pan y otros alimentos básicos del día a día, igual que su abuela cambiaba las tartas que hacía por leña con la que mantener la casa caliente, o como tus abuelos incluso. ¡El trueque era parte de su día a día! De este modo Isabel, aprendió la importancia de compartir y le inspiro para continuar, de alguna forma, con la historia que su tío abuelo le enseñó. ¿Sabéis cómo? Formando parte del equipo de Trueketeke.com, en el que todos de un modo u otro hemos crecido con las mismas anécdotas e historias.

Nuestros abuelos nos enseñaron la importancia de compartir, de comunicarnos con otras personas, de ayudar a que alguien tuviera algo que necesita y obtener lo mismo sin necesidad de tener dinero. Por eso gracias a todos los abuelos que con sus historias y experiencias nos han inspirado a luchar por nuevos proyectos, y por eso hoy existe Trueketeke.com, y es que sin nuestros abuelos nuestra vida seria muy diferente.

 

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